a lola le gusta escribir.

narrando mi cotidianidad.


Perdí la cuenta.

Mi cuerpo ha cambiado mucho en estos últimos cinco años. He aumentado de peso como nunca antes, mi resistencia física está casi en negativo y mi autoestima se comporta como montaña rusa.

A veces siento vergüenza, a veces coraje y a veces -las menos- compasión. Casi siempre la autocrítica y el saberme observada me inundan la mente de musarañas. Confirmo que soy mi enemiga más ruda.

Esta última semana me he comprometido, una vez más, a enfocarme en mejorar mi condición física. Me apunté en un nuevo gym, tengo entrenador personal y nutricionista. La combi completa.

Ayer, en un arranque de esos que no se piensan mucho, me apunté para una clase de pilates, en el mismo estudio que solía ir hace casi un año atrás. Si lo hubiera pensado bien o si lo hubiera pensado histéricamente, como suelo pensar las cosas, no hubiera ido na.

Durante la clase tuve que batallar para tan siquiera intentar llegar a las poses correctas, cosa que ni pasó. Pero la peor pelea fue con mi mente que me decía una y otra vez que yo no pertenecía a ese lugar. Que estaba haciendo el ridículo porque allí todas mis compañeras son una duras estirando piernas, haciendo los twists y los planks, mientras que yo sudo la gota gorda para poder sentarme luego de estar acostada en el reformer, porque mi core strenght es casi inexistente. Se requiere mucho esfuerzo físico, sí, pero el mental no se queda atrás, más aun cuando, como dije al principio, eres tu enemiga más ruda.

He querido cambiar, retomar las riendas de mi salud física hace mucho tiempo, años incluso, pero el proceso ha sido un sube y baja terrible. Los cambios requieren de un esfuerzo monumental inclusive en esos días en los que tenemos cero motivación. Especialmente, en esos días en los que tenemos cero motivación. Y esa parte no he sabido manejarla de la mejor manera.

Entonces, esta soy yo dejando constancia textual de la vez número perdí la cuenta en la que trato de asumir el autocuidado físico como prioridad en mi vida. Apalabrando lo difícil que se me ha hecho ignorar el bochorno que continuamente me da el ver mi cuerpo diferente.

Esta soy yo recordándome que con este cuerpo que a veces subestimo y maltrato, he recorrido millares de experiencias hermosas y he amado intensamente. Así que de nada vale menospreciarlo.

Esta soy yo asumiendo el compromiso nuevamente, pero esta vez, me dejo a mi misma estas palabras para volver a ellas cuando me sienta en baja o desmotivada.

Hay que seguir, cariño, hay que seguir.



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