2:55 a.m. Quisiera decir que es la primera vez que despierto en la madrugada al sonido de varias detonaciones. Quisiera decir que me sorprende, que en este país estamos ajenos a esa realidad.
Ajena. Creo que alguna vez lo estuve. Cuando vivía en casa de ma y pa en el oeste. Por lo general, despertaba en la madrugada al sonido del reggaetón que algún carro llevaba a to jender, no al estruendo de balas.
Mi experiencia ha sido que el oeste, aunque claramente no está exento de la violencia diaria que se vive en esta isla, suele ser más «tranquilo» que el área metropolitana en términos de los asesinatos, las balaceras o las masacres que se perpetúan en la isla. En San Juan se siente un tanto más cruda esa realidad. Tal vez porque ahora no se me hace extraño despertar a las 2:55 de la mañana escuchando de cinco a seis tiros cerca de casa.
De todas formas, estamos clarxs que, independientemente del pueblo en el que se viva, vivir en Puerto Rico implica enfrentarse a un país ahogado en violencias.
Algunos días se sienten más llevaderos que otros, pero siempre pesan. Siempre hay cuerpos destrozados y abusados, asesinados, maltratados y arrebatados.
Pienso en los tiros de esta madrugada, ¿en qué cuerpo habrán parado?
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