
Saqué la carta de la semana y leí: «The possibilities of my life are endless, and this thought invigorates me. Though we ceaselessly plan ahead, anything and everything good can happen tomorrow. I can choose any path I want to be able to achieve my dreams.»1
Las posibilidades de mi vida son infinitas, afirmé. Me vi recién entrando a la universidad, 18 años, cargando una gran maleta de sueños infinitos que hacían que el zipper le quisiera estallar. Todo era posible, en mi mente y en mi alma. Juraba tener el poder de superar inmediatamente cualquier tropiezo que la vida me pusiera en el camino. Me sumergía en las letras, cual Mar Caribe, y me dejaba llevar por la magia del arte. Soñaba la vida bohemia de placeres y excitantes. Leía casi a diario. Pintaba y dibujaba por oficio y por deleite. Me perdía en contornos, líneas y palabras. Y a pesar de los obstáculos, era feliz.
Hasta que, bueno, caí en depresión. La maleta se vació. No le quedó ni un susurro por revisar. Esos 23 años se sentían eternos y pesados. Opté por dejar la maleta a un lado y en su lugar, tomé par de bloques. Y seguí agarrando y montando uno encima del otro, uno al lado del otro. Creé una gran muralla a mi alrededor que encerraba mi ser y mis ganas de existir. No habían sueños por contar, ni ilusiones por cumplir. La neblina era tanta que no me permitía ver las escaleras que los seres luz me habían construido para salir de allí.
Años más tarde, luego de un lento y arduo camino de quebranto y reconstrucción, la bruma y las nubes se fueron disipando. Fui subiendo escalones hasta llegar al tope de la muralla. Allí comencé a desmontar y a romper esos bloques que de nada me servían. Cada bloque que sacaba de mi alrededor, me devolvía la luz del día, y consigo, unas nuevas ganas de soñar(me). Así, me fui visualizando llena de destellos de todos los colores. Me vi, nuevamente, navegando entre contornos, líneas y palabras. Transformando páginas en blanco en obras que me salieran del corazón.
Decidí que, de ese momento en adelante, volvería a imaginar, a inventar, a idear y a construir(me). Me comprometí a soñar.
Ahora mis sueños vuelan a mi lado. Me transportan a espacios que jamás pensé llegar y me permiten redescubrir dimensiones de mi ser que había dejado en el olvido. Ahora sueño y soy en amor y felicidad.
- Traducción mía: «Las posibilidades de mi vida son infinitas y este pensamiento me da energía. A pesar de que planificamos las cosas sin cesar, todo lo bueno puede pasar en el día de mañana. Puedo escoger cualquier camino que desee para cumplir mis sueños.» ↩︎
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